Raúl Valdez, presidente de la Cámara Paraguaya de Productores y Procesadores de Cereales y Oleaginosas (CAPPRO), afirmó que la nueva legislación representa un paso estratégico para agregar valor a la producción nacional, fortalecer la agroindustria y generar nuevas inversiones en toda la cadena productiva.
La reciente aprobación del nuevo marco legal que permitirá incrementar gradualmente la mezcla obligatoria de biodiésel con diésel convencional marca un punto de inflexión para la agroindustria paraguaya. Así lo sostuvo Raúl Valdez, presidente de la Cámara Paraguaya de Productores y Procesadores de Cereales y Oleaginosas (CAPPRO), durante una entrevista concedida al programa Paraguay Fluvial – PFL Media, emitido por 1140 AM.
Según explicó, la normativa constituye un paso fundamental hacia una mayor industrialización de la principal materia prima agrícola del país: la soja.
«Se concreta un gran paso del Paraguay hacia la industrialización del producto más importante del agro. Este tipo de leyes permite aprovechar mejor nuestros recursos, utilizar materias primas nacionales y generar mayor valor agregado para toda la economía», expresó.

Un crecimiento gradual y técnicamente sustentado
Valdez aclaró que la nueva legislación no implica que la mezcla de biodiésel aumente inmediatamente hasta el 20%, como establece el nuevo límite legal.
Explicó que el porcentaje se incrementará de forma progresiva, iniciando con un aumento hasta el 7%, mientras que las futuras decisiones dependerán de análisis técnicos y económicos realizados por el equipo económico del Gobierno.
Entre los principales factores que serán considerados se encuentran:

- El precio internacional del petróleo.
- La cotización del aceite de soja.
- El costo de producción del biodiésel.
- La protección del consumidor final evitando impactos negativos sobre el precio del combustible.
«Debe existir un equilibrio muy fino entre incentivar la industria nacional y proteger el bolsillo del consumidor», enfatizó.
Una política de largo plazo
El titular de CAPPRO destacó que la aprobación de esta legislación no responde a decisiones coyunturales sino al resultado de años de análisis técnico y planificación estratégica.
«Estas iniciativas no son tomadas a la ligera. Son medidas construidas sobre una visión de largo plazo acerca del modelo de desarrollo que Paraguay necesita», señaló.
En ese sentido, sostuvo que los beneficios probablemente no sean inmediatos, pero sí generarán efectos positivos en el mediano y largo plazo mediante nuevas inversiones industriales y una mayor transformación local de materias primas.
Más valor agregado para toda la cadena
Actualmente, explicó Valdez, los principales incentivos alcanzan a las empresas productoras de biodiésel. Sin embargo, considera que el siguiente desafío consiste en extender esos beneficios a todos los eslabones de la cadena agroindustrial.
Esto incluye a:
- La industria aceitera.
- Las plantas de molienda de soja.
- Los productores agrícolas.
- Los sectores vinculados a la industrialización de proteínas animales.
«Necesitamos que los beneficios se derramen sobre toda la cadena productiva y no solamente sobre un único eslabón», afirmó.
Paraguay tiene capacidad para abastecer la demanda
Valdez aseguró que el país posee condiciones suficientes para abastecer sin inconvenientes el incremento previsto en la demanda de aceite de soja destinado al biodiésel.
Incluso indicó que el consumo interno todavía representa una pequeña fracción del enorme potencial industrial existente.
Cada punto porcentual adicional en la mezcla obligatoria significará una mayor demanda de aceite vegetal y, en consecuencia, nuevas inversiones en capacidad de molienda e industrialización.
El ejemplo de Brasil
Durante la entrevista, Valdez recordó que Brasil viene incrementando progresivamente su porcentaje obligatorio de mezcla de biodiésel, política que ya impulsó inversiones de cientos de millones de dólares en nuevas plantas industriales.
Ese modelo demuestra cómo un mandato de mezcla sostenido puede estimular el crecimiento de toda la cadena productiva.
«Debemos llegar al punto en que más fábricas de biodiésel demanden más aceite de soja y, como consecuencia, las industrias de molienda amplíen su capacidad instalada, generando crecimiento para todo el agro paraguayo», señaló.
Integrar nuevos eslabones productivos
Más allá del biodiésel, Valdez sostuvo que Paraguay debe avanzar hacia un proceso más amplio de industrialización.
Mencionó como ejemplo el crecimiento de las exportaciones de carne aviar y porcina, sectores que utilizan harina de soja —principal subproducto del procesamiento del grano— como alimento balanceado.
«Hoy exportamos harina de soja para que otros países produzcan proteínas animales. Paraguay tiene todas las condiciones para producir aquí esas carnes de alto valor agregado», indicó.
La soja seguirá siendo la principal materia prima
Aunque existen tecnologías que permiten fabricar biodiésel a partir de grasas animales y otras materias primas, Valdez explicó que el enorme volumen de producción de soja convierte al aceite de soja en el insumo más competitivo y estratégico para el desarrollo del sector.
«Por la capacidad agrícola, industrial y logística que posee Paraguay, el aceite de soja seguirá siendo la materia prima principal para el desarrollo del biodiésel nacional», concluyó.
La nueva legislación abre así una oportunidad para consolidar una política energética e industrial capaz de agregar valor a la producción nacional, atraer inversiones, fortalecer la seguridad energética y posicionar a Paraguay como un actor cada vez más relevante en el desarrollo de biocombustibles dentro del Mercosur.








