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El Niño amenaza con lluvias intensas e inundaciones: expertos instan a Paraguay a prepararse

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El fenómeno climático podría intensificar las lluvias durante la primavera y el verano, con posibles impactos en comunidades ribereñas, infraestructura, salud y producción agrícola. Especialistas advierten que Paraguay debe prepararse para un escenario severo, aunque la magnitud final dependerá de la evolución de las condiciones climáticas.

Paraguay se prepara ante la posible intensificación de los efectos del fenómeno El Niño, que podría modificar significativamente el comportamiento de las precipitaciones durante los próximos meses y favorecer episodios de lluvias intensas, inundaciones, raudales y desbordes de cauces hídricos.

El escenario requiere especial atención en las ciudades ribereñas y comunidades vulnerables, pero también en las zonas rurales y productivas, debido al potencial impacto sobre cultivos, caminos, infraestructura y servicios.

“Se espera un evento extremo, tenemos que prepararnos para el peor escenario, pero esperemos realmente que no ocurra como está previsto”, advirtió Max Pasten, meteorólogo, investigador y especialista en gestión y control ambiental.

¿Qué es El Niño?

El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Su aparición puede alterar los patrones habituales de precipitaciones y temperaturas en diferentes regiones del planeta, incluida Sudamérica.

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Esto no significa necesariamente que lloverá todos los días en Paraguay. Sin embargo, determinadas fases e intensidades del fenómeno pueden aumentar la variabilidad climática y favorecer la ocurrencia de eventos de precipitación de mayor intensidad.

“Es un evento natural climático, es parte de la variabilidad natural del clima. El tema es cuando El Niño tiene determinadas intensidades, cuando produce ciertos impactos que pueden ser muy extremos en algunos lugares”, explicó Pasten.

Los antecedentes que preocupan

Paraguay ya atravesó episodios de El Niño que dejaron importantes consecuencias.

Los eventos de 1982-1983 y 1997-1998 se encuentran entre los antecedentes más severos, asociados a lluvias extraordinarias e inundaciones históricas que afectaron a decenas de miles de personas.

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Pasten recordó además el episodio de 2015-2016, cuando las inundaciones tuvieron un fuerte impacto sobre comunidades e infraestructura.

El crecimiento de la población constituye actualmente un factor adicional de vulnerabilidad. Una misma crecida o evento meteorológico puede encontrar hoy una mayor cantidad de familias, viviendas e infraestructura expuestas que décadas atrás.

Según el especialista, esto ayuda a explicar por qué fenómenos que pueden registrar niveles hidrológicos inferiores a episodios históricos igualmente pueden provocar una cantidad considerable de damnificados.

Salud, viviendas e infraestructura entre los sectores expuestos

Un escenario de lluvias extraordinarias podría provocar desplazamientos de familias hacia refugios temporales, interrupciones en caminos y rutas, aislamiento de comunidades y mayores exigencias para los sistemas de salud y asistencia.

Las zonas ribereñas se encuentran entre las áreas que requieren mayor vigilancia ante una eventual combinación de precipitaciones persistentes y aumento de los niveles de ríos, arroyos y otros cauces.

Para Pasten, resulta fundamental identificar previamente las comunidades con mayor grado de exposición.

“Se debe hacer un estudio bien exhaustivo de cuáles son las comunidades que podrían ser más impactadas por este fenómeno”.

Esta planificación permitiría anticipar necesidades de evacuación, refugios, asistencia sanitaria, logística, provisión de alimentos y conectividad terrestre y fluvial.

El campo también podría sentir los efectos

El sector agrícola tampoco queda fuera del escenario de riesgo.

El exceso de precipitaciones, la distribución irregular de las lluvias y las temperaturas extremas pueden afectar diferentes etapas de los ciclos productivos.

El impacto dependerá, entre otros factores, del momento en que se produzcan los eventos meteorológicos y de la etapa de desarrollo en la que se encuentren los distintos cultivos.

“Pueden afectar la producción y, dependiendo de cuándo ocurran los eventos, el impacto puede ser mayor en un sector que en otro. Son muchos los factores a considerar cuando hablamos de un evento climático muy fuerte”, señaló Pasten.

Primavera y verano, bajo especial vigilancia

Eduardo Mingo, director de Meteorología e Hidrología, dependiente de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (DINAC), indicó que los efectos podrían sentirse con mayor intensidad durante la primavera y el verano, con especial atención sobre noviembre y diciembre.

Las condiciones asociadas al fenómeno podrían prolongarse incluso hasta enero de 2027, según explicó.

La evolución deberá ser monitoreada permanentemente, ya que la presencia de El Niño no permite determinar por sí sola dónde, cuándo ni con qué intensidad se producirán los eventos meteorológicos.

Prevención antes de las lluvias

Ante la posibilidad de episodios de precipitaciones intensas, la prevención no depende exclusivamente de las instituciones públicas. Las acciones cotidianas de la ciudadanía también pueden contribuir a disminuir determinados riesgos, especialmente en áreas urbanas.

Los residuos arrojados en calles, cunetas y espacios públicos pueden ser arrastrados por las lluvias y terminar obstruyendo desagües, arroyos y cauces, dificultando el normal escurrimiento del agua.

Entre las principales recomendaciones se encuentran no arrojar basura en calles, desagües ni cauces; mantener limpios los espacios y alrededores; disponer correctamente los residuos; proteger las áreas verdes y la vegetación; y seguir las indicaciones oficiales ante tormentas o lluvias intensas.

El mensaje de los especialistas apunta principalmente a la anticipación.

Paraguay cuenta con antecedentes suficientes para conocer las consecuencias que puede producir un episodio severo de El Niño. Por ello, el desafío será fortalecer el monitoreo meteorológico e hidrológico, identificar las comunidades vulnerables y preparar mecanismos de respuesta antes de que se produzcan situaciones de emergencia.

Prepararse para el escenario más complejo no significa que necesariamente ocurrirá, sino reducir sus consecuencias en caso de que las condiciones meteorológicas evolucionen hacia eventos extremos.

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