La utilización de agentes fumigantes en cargas agrícolas volvió a encender las alarmas dentro de la industria marítima internacional tras un trágico caso de intoxicación por gas fosfina a bordo de un buque de carga general, que terminó con la muerte de dos oficiales y dejó al resto de la tripulación gravemente afectada.
Según el informe de investigación, la tripulación y los estibadores habían concluido la carga de nueces de karité (shea nuts) en un buque de carga general. Antes de la partida, dos especialistas subieron a bordo para realizar la fumigación de la carga mediante un agente liberador de fosfina, un gas altamente tóxico utilizado frecuentemente para el control de plagas en cargas agrícolas.
Los fumigadores informaron que el producto comenzaría a actuar aproximadamente 15 minutos después de su distribución en la bodega. Utilizando mascarillas, comenzaron a colocar bolsas con el fumigante sobre la superficie de la carga y posteriormente las rociaron con líquido activador.
Durante el procedimiento, varios tripulantes percibieron un fuerte olor penetrante de origen desconocido. Incluso, se les recomendó evitar inhalar la sustancia al momento de cerrar las tapas de bodega. Tras concluir el cierre hermético de las escotillas y asegurar los mecanismos, el olor aparentemente desapareció.

Sin embargo, el jefe de cubierta (Chief Officer) no recibió ningún instructivo, advertencia de seguridad ni información técnica sobre los riesgos del fumigante por parte de los operadores encargados del procedimiento.
Horas después de zarpar comenzaron los síntomas
Al día siguiente de la salida del buque, cerca de la medianoche, varios miembros de la tripulación comenzaron a sufrir dolores estomacales, vómitos, sensación de frío intenso y debilidad generalizada.
Con el paso de las horas, el estado de salud de la tripulación se deterioró rápidamente. El capitán, que también presentaba síntomas similares, sospechó inicialmente de una intoxicación alimentaria y consultó tanto con la compañía armadora como con un médico a través de una estación costera de radio.

Ante la emergencia, se recomendó dirigirse al puerto más cercano. Un médico local abordó posteriormente la embarcación mediante una lancha y suministró distintos medicamentos a la tripulación.
Sin embargo, durante la noche siguiente la situación empeoró drásticamente.
El jefe de cubierta, quien normalmente realizaba la guardia de 04:00 a 08:00, comunicó alrededor de las 03:00 de la madrugada que se sentía extremadamente mal y pidió ser reemplazado. Poco después de las 04:00, un tripulante ingresó a su camarote y lo encontró sin signos vitales.
Mientras se intentaba reanimarlo y se solicitaba asistencia médica de emergencia, el tercer oficial también comenzó a sufrir severos problemas respiratorios. Fue asistido con oxígeno y sometido a maniobras de reanimación, pero falleció tras 40 minutos de intentos médicos.
Los otros 15 tripulantes fueron evacuados posteriormente y diagnosticados con intoxicación por gas fosfina.
La investigación determinó que el gas tóxico logró filtrarse desde la bodega fumigada hacia las áreas habitables del buque debido a fugas existentes en el conducto de ventilación del sistema de aire acondicionado. El gas ingresó primero al cuarto de control del sistema de climatización y posteriormente se propagó hacia los alojamientos de la tripulación.
Niveles de exposición extremadamente peligrosos
El informe técnico recordó además los efectos que puede generar la exposición al gas fosfina según su concentración:
0,3 ppm: exposición permitida hasta 8 horas diarias.
1 ppm: exposición inferior a 15 minutos sin efectos aparentes.
5 ppm: exposición de hasta 1 hora sin consecuencias mortales.
100 a 190 ppm: provoca graves daños a la salud entre 30 y 60 minutos.
290 a 430 ppm: representa riesgo de muerte.
400 a 600 ppm: puede causar la muerte en menos de una hora.
Uno de los aspectos más preocupantes revelados por la investigación es que el jefe de cubierta ya había transportado anteriormente el mismo tipo de carga, aunque en aquella ocasión la mercadería no había sido fumigada. Por ese motivo, desconocía completamente los procedimientos y riesgos asociados al transporte de carga fumigada.
Lecciones y advertencias para la industria marítima
El caso dejó una serie de recomendaciones críticas para la seguridad marítima internacional:
Los fumigadores especializados deben entregar obligatoriamente instrucciones y procedimientos claros a la tripulación antes de zarpar.
Si la tripulación desconoce los procedimientos de fumigación, las operaciones deben detenerse inmediatamente hasta contar con toda la información técnica y de seguridad.
Ante síntomas generalizados de enfermedad en un buque con carga fumigada, debe asumirse inicialmente una posible intoxicación por fumigantes.
Los buques que transporten cargas fumigadas deben contar con equipos detectores de gases, equipos de protección respiratoria adecuados, medicamentos específicos y manuales actualizados de primeros auxilios para mercancías peligrosas.
Además, deben realizarse controles periódicos de concentración de gases en alojamientos, sala de máquinas, puente de navegación y áreas de trabajo, como mínimo cada ocho horas, registrando cada medición en el libro de navegación.
El accidente vuelve a poner sobre la mesa los riesgos invisibles asociados al transporte marítimo de cargas agrícolas fumigadas y la importancia crítica de los protocolos de seguridad, especialmente en un contexto donde la logística marítima y fluvial moviliza millones de toneladas de productos sensibles alrededor del mundo.








