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Hundimiento, soberanía y cláusulas arbitrales ante la jurisdicción de Inglaterra y Gales en el caso Venezuela contra el Club de P&I

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Seguramente, si buscan por internet acerca de Lord Robert Cecil verán que fue uno de los cerebros detrás de la ‘League of Nations’, una organización que fue precursora de las actuales Naciones Unidas y que fue el motivo por el que se concedió a este hombre el Premio Nobel de la Paz en el año 1937.

La cuestión es que, entre otras cuestiones, a Lord Robert Cecil también se le recuerda aún en Londres por su exitosa actividad profesional como ‘barrister’, es decir, por ser un abogado ante los tribunales de la jurisdicción de Inglaterra y Gales.

Según cuentan, Lord Robert estaba pasando por Covent Garden en dirección a su ‘chambers’ cuando vio por casualidad, en un escaparate de una famosa casa de subastas, unos lotes entre los que destacaba un esqueleto humano completo.

Sin pensárselo dos veces Lord Robert pujó por él, ya que lo quería para un pariente suyo que. al parecer, estudiaba medicina. Y como su oferta tuvo éxito, pidió que alguno de los jóvenes ‘clerks’ de su ‘chambers’ pasara a recoger tan singular compra.

Encantado por tener una fantástica excusa para ausentarse del trabajo, George Wootton se presentó voluntario para dicha tarea y se dirigió esa misma mañana a la conocida casa de subastas, donde le esperaban los restos humanos metidos en una pesada caja de madera de más de medio metro de largo.

Nunca sabremos si había bebido un par de copas por el camino o si la cerradura cedió, tal como dijo, pero la cuestión es que cuando George estaba a punto de cruzar el Strand, la tapa del cajón se abrió súbitamente y el esquelético invitado se desparramó por toda la carretera.

Como se imaginarán, los gritos de terror no se hicieron esperar y dicen que incluso los caballos, que esperaban pacientemente en el lugar, se espantaron con la visión de semejante espectáculo macabro en pleno centro de Londres, congregándose rápidamente una multitud considerable hasta que unos policías llegaron al lugar.

Por fin George pudo contar su historia fue exculpado por los agentes, quienes le ayudaron a recoger los huesos y a meterlos rápidamente en la dichosa caja, apresurándose el joven en llegar a la ‘chambers’, no sin recibir antes algunos simpáticos improperios de horrorizados viandantes.

Fue tal el trauma sufrido que cuando Wootton regresó al despacho, el chaval dejó la pesada caja en el despacho de los ‘clerks’ y se fue directo a casa.

Como Lord Robert no pasó por las ‘chambers’ ese día, a la mañana siguiente George y otro ‘clerk’ se pusieron a reparar el esqueleto para dejarlo más presentable, justo cuando unos clientes pasaban por la puerta, por lo que uno de ellos dijo sarcásticamente al otro:

– “Fíjate, los ‘barristers’ se quedan con la carne, pero dejan los huesos para sus ‘clerks’” (‘The barristers pick the flesh, but leave the bones for their clerks’).

En fin, dejémonos de huesos humanos y vayamos ahora con los restos de un naufragio en el  interesantísimo caso recientemente resuelto por la ‘Court of Appeal’ de Inglaterra y Gales con un viejo amigo, el UK P&I Club, quien se enfrentó nada menos que a la Republica Bolivariana de Venezuela.

EL CASO

Vamos con los hechos, que no les dejarán indiferentes.

El 30 de marzo de 2020, un crucero portugués llamado RCGS Resolute, gestionado por la compañía alemana Columbia Cruise Services, estaba realizando tareas rutinarias de mantenimiento, según parece, en aguas internacionales, concretamente a unas de 13 millas náuticas (24 km) de La Tortuga, una isla perteneciente a Venezuela.

Total que pasada la medianoche, el AB Naiguatá, un buque guardacostas venezolano, divisó al Resolute y llamó por radio ordenando al capitán que lo siguiera hasta un puerto de Isla Margarita, al este.

Como el capitán del Resolute no le hacía ni caso, ya que se estaba poniendo en contacto con la oficina central de Columbia, a los militares venezolanos se les acabó la paciencia y empezaron una maniobra de abordaje al viejo estilo martítimo.

Así que se acercaron a estribor a toda velocidad para colisionar con el Resolute al parecer, con la intención de girar la proa del Resolute y llevarlo hacia aguas territoriales venezolanas.

Tras el estruendoso golpe, el Naiguatá continuó embistiendo la proa de estribor pero algo no iba bien para el Naiguatá.

¿El problema?

Pues para empezar que los venezolanos ignoraban un detalle: el Resolute lejos de ser un simple barco de recreo es un buque preparado para expediciones polares, por lo que cuenta con estructura reforzada para navegar en zonas de durísimo hielo.

En otras palabras, es un auténtico ‘panzer’ flotante.

Total que tras el choque, mientras el Resolute sufría unos daños menores, la patrullera venezolana empezó a hacer aguas y acabó hundiéndose al poco.

A eso se le llama ir a por lana y salir tranquilado, según reza el conocido refrán.

No precisamente contenta con el resultado, la Republica Bolivariana de Venezuela inició procedimientos de reclamación por daños y perjuicios en Curaçao y Venezuela contra el Resolute, sus propietarios, gestores y contra la aseguradora por un total aproximado de 425 millones de euros.

Lógicamente, en su reclamación, Venezuela discute los hechos que condujeron a la colisión y hundimiento del guardacostas -quién embistió a quién- y su localización, es decir si tuvieron lugar en aguas territoriales o internacionales.

¿Y qué hicieron las aseguradoras?

Pues lo que ustedes se imaginan. Al UK P&I Club eso de litigar en casa del demandante o en Curaçao no le gustó un pelo, por lo que se fueron a los tribunales de Inglaterra y Gales para solicitar una ‘anti-suit injunction’ y así evitar la continuación de los procedimientos iniciados.

Y el fundamento es ya bien conocido por los habituales de las Cartas desde Londres: que Venezuela está obligada a reclamar mediante arbitraje en Londres, bajo derecho inglés, de conformidad con el contrato de seguro establecido con el Resolute.

Es decir, se hicieron ‘Prestige’.

Y así fue como el 11 de marzo de 2021, mediante una decisión de la ‘High Court’ resolvió sobre si debía conceder la ‘anti-suit injunction’ contra Venezuela para detener los procesos ya iniciados en esas otras jurisdicciones.

FUENTE: CONFILEGAL

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