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¿Habrá acuerdo Mercosur-UE?

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Recientes declaraciones cruzadas de autoridades de Brasil, Uruguay y Paraguay siembran la duda sobre el futuro del TLC entre estos dos importantes bloques comerciales, donde el aspecto de la sustentabilidad aparece como la piedra de tope. “No hay consenso en el Mercosur y estamos hoy en un quiebre”, dice un analista.

Estaba listo para ser firmado, pero una adición de último minuto desató las iras del presidente brasileño Luiz Inacio ‘Lula’ da Silva. Una serie de exigencias ambientales de la Unión Europea (UE) para concretar el dilatado acuerdo comercial con el bloque Mercosur hoy ponen en duda la culminación de un proceso que lleva más de veinte años.

Y Lula no está solo en sus quejas.

El recientemente nombrado ministro de Economía y Finanzas paraguayo, Carlos Fernández Valdovinos, dijo que su país aceptará debatir la cuestión medioambiental del acuerdo UE-Mercosur, pero después de que se haya firmado el pacto.

«El debate medioambiental es importante y fundamental, yo no niego que tenemos que discutirlo, pero creo que antes debemos pasar del dicho al hecho y demostrar que existe voluntad económica y política para cerrar este acuerdo ahora», dijo esta semana en una entrevista del medio español Europa Press.

Y es que, para el Gobierno paraguayo, no es «justo» que cinco años después aparezcan unos condicionantes que no se estuvieron discutiendo en la propuesta inicial. «Ningún miembro del sector privado hace eso en una negociación», lamentó Valdovinos.

El mismo sentido de urgencia manifestó Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien llamó el martes a cerrar el acuerdo comercial con Mercosur «antes de que acabe el año». Von der Leyden concluye su mandato en junio del próximo año.

Pero ¿por qué el tema ambiental está deteniendo el acuerdo entre ambos bloques?

La Unión Europea presentó su última oferta a los cuatro países del bloque –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- este verano boreal, con una propuesta para desbloquear el acuerdo con garantías más estrictas respecto a la protección de los derechos humanos, el medio ambiente y garantías contra la deforestación, un documento al que la otra parte no ha respondido aun formalmente, pero sobre el que expresaron malestar en la cumbre de líderes de las dos regiones el pasado mes de julio.

Si bien la Unión Europea ha dicho que apuesta por «promover un comercio abierto y justo», y para ello muestra los TLC que el bloque tiene con Chile, Nueva Zelanda y Kenia, más los que están trabajándose, como Australia, México, India e Indonesia, el presidente Lula ha dicho que son exigencias no razonables.

«Queremos y necesitamos [el acuerdo con la UE]. Ahora, queremos que nos traten en igualdad de condiciones. Un acuerdo comercial es una vía de doble sentido, yo compro y vendo, valoro lo mío y valoro lo suyo», expresó un enojado presidente Lula por la prensa.

En una reciente entrevista con el medio alemán DW, la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, critica las exigencias medioambientales de la UE para el Mercosur y exigió más dinero a los países ricos para proteger las selvas tropicales.

“El acuerdo abre nuevos mercados de ventas para los productos brasileños. Estamos trabajando para garantizar que nuestra agricultura reduzca sus emisiones de CO2, que nuestros bosques se utilicen de manera sostenible y que Brasil se convierta en un gran exportador de energía limpia con hidrógeno verde”, indicó la ministra Silva en la entrevista.

Pero al mismo tiempo criticó que la UE siguiera tratando al gobierno del presidente Lula como si fuera el de su predecesor.

“El acuerdo estaba casi listo para concluirse bajo el Gobierno de Bolsonaro, a pesar de que a su Ejecutivo no le importaban el acuerdo de París sobre protección del clima, la protección del medio ambiente y los derechos de los indígenas. Eso ha cambiado bajo el presidente Lula. Redujimos la deforestación en la Amazonia en un 48% en los primeros siete meses del año, evitando la emisión de 196 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Por tanto, el acuerdo de libre comercio debería firmarse ya”, enfatizó Silva.

BUENO PARA AMBAS PARTES

El acuerdo de libre comercio entre ambos bloques comenzó su estudio, al menos en el papel, a mediados de 1999.

La razón para el acuerdo es casi obvia: el bloque, compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay es un enorme mercado para las exportaciones de la Unión Europea y uno de los pocos socios de comercio con los cuales la UE no tiene un TLC.

En 2018, la UE exportó casi US$ 50.000 millones y sobre US$ 26.000 millones en servicios a estas cuatro naciones, con más de 60.000 empresas exportadoras y generando más de 850.000 puestos de trabajo solo en su relación con Brasil, de acuerdo con datos oficiales de la UE.

Cifras que, sin el proteccionismo actual del Mercosur podrían subir de forma relevante si incluyeran el envío de productos químicos farmacéuticos, textiles, maquinaria, autos, equipo para telecomunicaciones, chocolate, whisky y otros licores.

A cambio, Mercosur podría integrar su industria en la cadena de valor europea y volverse más competitivo, ya que dejarían de exportar solamente recursos naturales y commodities.

El listado de beneficios en el sitio oficial de la UE es largo, como también son las exigencias: asegurar la no discriminación, evitar el trabajo infantil, proporcionar trabajo justo, derechos laborales, certificar la inocuidad alimentaria de los productos y una serie de estándares que la UE afirma “no son negociables”.

Bajo el acuerdo, además, ambos bloques se comprometen a implementar el convenio marco de la ONU para cambio climático y los Acuerdos de Paris sobre la materia.

“Técnicamente las negociaciones [del acuerdo] se cerraron en 2019. Pero después nunca inicia el proceso de revisión jurídica, que debió iniciar unos meses después de ser cerrado, en la traducción a los idiomas de la Unión Europea, y luego el proceso de incorporación” relata a AméricaEconomía Ignacio Bartesaghi, Doctor en Relaciones Internacionales y director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay.

Bertesaghi recuerda que el estancamiento de estos cuatro años vino por la pandemia, interludio en el que se dio la aprobación del denominado Pacto Verde por parte de la Comisión Europea, que es lo que marca el nuevo estándar medioambiental de la Unión Europea.

Otro factor, para el académico uruguayo, es que Europa, en el marco de la guerra en Ucrania, empieza a revisar su relación con América Latina, le vuelve a otorgar una importancia la relación con el Mercosur y una postura más abiertamente ambiental de Lula, en oposición a Bolsonaro.

Todo iba relativamente bien, hasta que aparecieron estas nuevas exigencias ambientales de la UE, que el gobierno brasileño parece no estar dispuesto a cumplir, y que los ambientalistas europeos han denunciado como simple greenwashing.

En un comunicado conjunto con otras organizaciones, Amigos de la Tierra Europa dijo que el material adicional en la carta complementaria «no hace nada» para salvaguardar el medio ambiente, el clima o los derechos humanos, y ofrece solo «ajustes cosméticos, aspiracionales e inaplicables».

La organización también criticó el instrumento propuesto por no abordar actividades que impulsan las emisiones de gases de efecto invernadero, como la agricultura brasileña, y dijo que el acuerdo continúa dejando de lado a los pueblos indígenas y a los pequeños agricultores.

En marzo, un grupo que representaba a comunidades de Brasil, Paraguay y Argentina visitó el Parlamento Europeo en Bruselas para expresar sus preocupaciones sobre el acuerdo. Ana Paula Santos Souza, agricultora familiar y profesora en el estado amazónico brasileño de Pará, dijo que “no hubo un solo momento en el que [las negociaciones sobre] estos acuerdos escucharan a la gente”, según relata Diálogo Chino.

MERCOSUR EN QUIEBRE 

“Ese nuevo estándar lo que hace es bloquear el Acuerdo Mercosur-UE, que además se enfrenta a la política seguida por Bolsonaro respecto a la negación del cambio climático”, detalla el académico uruguayo.

“¿Qué hace la UE? Le presenta una adenda ambiental al Mercosur, le presenta nuevas condiciones para seguir avanzando en la negociación (…) dice, ‘yo acepto lo que firmé en el 2019, pero esto que firmé, dado que ya tengo un pacto verde aprobado en el 2020, no voy a poder mandar este acuerdo tal cual está al Parlamento Europeo y tampoco sería aprobado por el Consejo Europeo’”, explica Bartesaghi.

Y ahí empiezan los problemas, porque el pilar económico-comercial de estos acuerdos es supranacional y es negociado por la Comisión Europea, por ende, necesita la aprobación de, al menos, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo. “Lo que no ocurriría con el poder que han adquirido los partidos verdes”, advierte el economista.

Es decir, si no se aceptan por parte de los países del bloque latinoamericano las condiciones ambientales adicionales que la Unión Europea le exige al Mercosur en la adenda ambiental, la UE no aprobaría el TLC.

Este instrumento adicional no fue anunciado oficialmente, pero circuló entre los miembros del Mercosur y la UE, e incluso se filtró a grupos ambientalistas reitera el requisito de los firmantes de “no reducir sus estándares ambientales o laborales con la intención de atraer comercio o inversión extranjera”, según reportó en mayo la revista especializada Diálogo Chino.

Aun así, Europa ha seguido presionando al bloque sudamericano para que se comprometa a adoptar medidas vinculantes para abordar la deforestación y, en una llamada carta complementaria al acuerdo, ha propuesto cambios al capítulo que se centran en el comercio y el desarrollo sostenible.

Para Bartesaghi, ni Argentina ni Brasil están de acuerdo con estos cambios, especialmente Brasil, cuya opinión dentro del bloque pesa muchísimo.

“Brasil no está de acuerdo con los compromisos adicionales propuestos por la UE. No está de acuerdo con que se le exija a las exportaciones del Mercosur una demostración de que no generan deforestación ni degradación forestal”, detalla.

Pero el problema no es solo eso, sino que tanto Argentina como Brasil deciden abrir capítulos de negociación que ya estaban cerrados en el 2019. “Lo que no es aceptado por Paraguay y por Uruguay, que quieren cerrar el acuerdo, entonces no aceptan que se abren otros capítulos más allá del ambiental. Entonces, no hay consenso en el Mercosur y estamos hoy en un quiebre”, sentencia Ignacio Bartesaghi.

De hecho, la semana pasada hubo mucha confusión porque varios medios internacionales dijeron erróneamente que el Mercosur había entregado a la Unión Europea su contrapropuesta.

“Y esto no es cierto. No la entregó porque no hay consenso, no la puede entregar. Si la entrega, Brasil, está entregando una contrapropuesta no validada por los miembros del Mercosur que no ha llegado al consenso de qué responderle a la Unión Europea”, lamenta el académico uruguayo.

UN VIAJE A LA UE

¿Qué hacer, entonces?

El presidente da Silva defendió la semana pasada la celebración de una cumbre entre los líderes del Mercosur y la Unión Europea, para decidir de una vez por todas si los dos bloques firmarán o no un acuerdo de libre comercio.

En una conferencia de prensa en Nueva Delhi durante la cumbre del G20, Lula dijo que estaba «muy ansioso» por cerrar el acuerdo a finales de este año. «Tenemos que llegar a un punto de equilibrio. Y, en mi opinión, tenemos que llegar a un acuerdo en los próximos meses, sí o no. O hacer el acuerdo o dejar de discutir el acuerdo, porque en 22 años…ya nadie cree», espetó el presidente brasileño.

Existen más ramificaciones del problema, porque las exigencias ambientales adicionales al Mercosur van a demandar mayor financiación de parte de los países desarrollados para los países en desarrollo en los temas ambientales, algo que, para Bartesaghi, de cierta forma es algo que se ha discutido también en la declaración del G20.

“Pero a la vez el Mercosur, a impulso de Brasil y Argentina, está queriendo abrir nuevos capítulos de negociación y ese es el gran problema. Hay que ver cómo se toma la Unión Europea la contrapropuesta a la adenda ambiental y si se da un consenso de Mercosur para reabrir otros capítulos [y luego] cómo se toma la Unión Europea que se reabran capítulos del 2019” advierte el académico.

A eso se debe sumar una urgencia política no menor, porque el año que viene hay elecciones en el Parlamento Europeo y hay cambio de gobierno en Argentina, con posibilidades ciertas de que llegue Javier Milei

Pero para que esto ocurra tiene que pasar primero que Mercosur logre un consenso de la contrapropuesta a la propuesta presentada por la Unión Europea, lo que todavía no se ha dado. Y, por otro lado, una vez que se le entregue eso, hay que ver cómo reacciona la Unión Europea.

Apenas este viernes la agencia EFE indicó que la Comisión Europea (CE) había recibido del Mercosur un documento que servirá de «base” para intentar cerrar este año el acuerdo de asociación entre las dos partes.

La Comisión recibió el jueves la propuesta del Mercosur, que «utilizaremos como base para seguir trabajando”, señalaron las fuentes a la agencia.

El jueves también tuvo lugar una reunión virtual a nivel de los jefes de negociación de los dos bloques, en la que ambas partes debatieron «los próximos pasos con vistas a concluir las negociaciones antes de finales de año”, de acuerdo con el medio alemán DW.

Al respecto, Bartesaghi aclara que lo entregado no es en ningún caso la propuesta final y oficial del Mercosur.

“Sí se respondió algo en conjunto, pero no es la propuesta final a la adenda ambiental. Lo que se está dando es, bueno, poder mantener de cierta forma los canales abiertos y que haya intercambios entre las dos partes (…) que no se pierda el ritmo negociador en pos de intentar cerrar el acuerdo de aquí a fin de año, pero con todos los signos de interrogación [que existen]”, indicó.

Para él, es vital ahora saber cómo se comportará Lula, un mandatario que está pisando fuerte en el concierto internacional y con una política exterior más cerca de Rusia y China que de Occidente.

“Estamos viendo (…) a un Lula que está jugando en muchas canchas. A un Lula que está jugando con la ampliación de los BRICS, a un Lula que está jugando un papel en el G20, que está jugando bastante para las economías emergentes y no tanto para la Europa Clásica o Estados Unidos. Entonces, eso podría verse, quizás, como un Lula que no está tan interesado en ceder con la Unión Europea y está ejerciendo allí cierta balanza, o cierta señal de poderío, de potencia emergente, que está recalculando su estrategia internacional”, concluye Ignacio Bartesaghi.

Fuente: americaeconomia.com

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