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Paraguay busca volver a Taiwán: el desafío está en la logística y no en la calidad

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Por Paraguay Fluvial – PFL MEDIA

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La visita oficial encabezada por el presidente de la República, Santiago Peña, a Taiwán dejó mucho más que una agenda diplomática y reuniones institucionales. Para el sector agroindustrial paraguayo, el viaje también abrió una reflexión estratégica sobre el futuro del país: cómo transformar la capacidad de producir alimentos en una verdadera plataforma de industrialización y desarrollo.

Ese fue uno de los principales mensajes transmitidos por el presidente de CAPPRO, Raúl Valdez, durante una entrevista concedida a Paraguay Fluvial – 1140 AM, luego de integrar la comitiva empresarial que acompañó la misión.
Según explicó, cerca de 40 empresarios paraguayos participaron del recorrido oficial con un objetivo concreto: reforzar vínculos comerciales, explorar oportunidades de negocios bilaterales y acercar experiencias vinculadas a transferencia tecnológica, procesos industriales y desarrollo económico.

Nosotros mostramos el potencial que tiene Paraguay como productor de alimentos y proteínas animales y vegetales a gran escala y de alta calidad. Pero también fuimos a entender cómo una economía como Taiwán logró transformarse”, fue el eje conceptual que atravesó toda su intervención.

Ante la pregunta de ¿por qué Paraguay dejó de exportar soja a Taiwán? Evidentemente fue uno de los temas que más interés despertó durante la entrevista. La posibilidad de volver a exportar soja paraguaya al mercado taiwanés.

Valdez fue categórico al aclarar que la explicación no pasa por política exterior ni por barreras comerciales.

“No existe una restricción política ni un problema de calidad del producto paraguayo”, explicó.

La razón es más compleja.
Y también más desafiante.
Taiwán opera bajo una lógica completamente abierta y extremadamente competitiva.

Cada año importa aproximadamente entre dos y tres millones de toneladas de soja destinadas principalmente al procesamiento industrial.

La harina de soja se utiliza para alimentar industrias de producción animal —especialmente aves y cerdos— mientras que el aceite refinado abastece el consumo humano interno.

Pero cuando Taiwán sale al mercado internacional a comprar, lo hace mediante procesos altamente exigentes de cotización y consolidación de demanda.

Compiten todos. Y gana quien ofrece mejores condiciones.

La verdadera barrera: logística, escala y competitividad

Según explicó el titular de CAPPRO, Paraguay enfrenta un problema estructural frente a gigantes como Brasil y Estados Unidos.

Ambos países cuentan con acceso directo al mar mediante puertos de aguas profundas, operan con volúmenes muy superiores y embarcan cargas completas hacia Asia.

Paraguay, en cambio, depende de una cadena logística distinta.
La carga debe recorrer la hidrovía, enfrentar limitaciones operativas, restricciones de calado y procesos adicionales para completar embarques antes de cruzar el océano.

Cada etapa agrega costos.
Y esos costos terminan impactando directamente en el precio final puesto en destino.

“No es un problema de calidad, no es un problema arancelario, tampoco político. Es una condición netamente económica y comercial”, explicó.

En otras palabras: si Paraguay logra construir una oferta competitiva en precio y mantener sus estándares de calidad, el mercado taiwanés puede volver a abrirse.

La reciprocidad existe, pero se gana compitiendo

Durante el intercambio también surgió una idea instalada en parte de la opinión pública paraguaya: si Paraguay mantiene reconocimiento diplomático hacia Taiwán, ¿no debería existir una reciprocidad automática en las compras?

Valdez respondió desde una visión empresarial.

La reciprocidad, sostuvo, no se construye mediante obligaciones comerciales sino generando acceso y oportunidades para competir.
Y puso ejemplos concretos.

La carne vacuna paraguaya ya logró posicionarse fuertemente dentro del mercado taiwanés.

La carne porcina viene creciendo.
Y el sector avícola comenzó a abrir espacio.

Es decir, cuando Paraguay logra reunir calidad, precio y continuidad de abastecimiento, encuentra oportunidades reales.

“La gran oportunidad es tener acceso al mercado. Después depende de nosotros qué tan competitivos podamos ser”. Aseveró.

Lo que más impactó del modelo taiwanés

La parte más profunda de la entrevista probablemente estuvo lejos de la soja.

Valdez relató que una de las experiencias más transformadoras del viaje fue ingresar directamente a industrias taiwanesas y observar sus procesos productivos.

  • Tecnología.
  • Agroindustria.
  • Manufactura.
  • Infraestructura.
  • Pero por encima de todo, hubo una característica común.
  • Orden.
  • Precisión.
  • Eficiencia.

Es difícil separar la competitividad de los detalles. La precisión es competitividad”, resumió.

Según describió, Taiwán logró convertir sistemas industriales complejos en procesos aparentemente simples, ágiles y altamente productivos.

Cada operación está diseñada para maximizar recursos.
Cada espacio tiene un propósito.
Cada inversión busca retorno.
Y eso termina generando una capacidad competitiva que permite que productos taiwaneses sigan siendo atractivos incluso en mercados muy lejanos.

De país agrícola a potencia industrial

Valdez hizo además un paralelismo que llamó la atención.
Recordó que hace apenas algunas décadas Taiwán era una economía mucho más pequeña, con una fuerte dependencia agrícola, aislamiento internacional y limitaciones territoriales.
Hoy el escenario es completamente distinto.
Con una población cercana a los 23 millones de habitantes y una geografía donde solo una parte reducida del territorio es realmente utilizable para desarrollo urbano e industrial, Taiwán logró posicionarse como una de las economías más dinámicas del mundo.

Para el dirigente gremial, allí aparece una señal que Paraguay debería observar.

No abandonar el campo.
Sino utilizar esa fortaleza como punto de partida para industrializar.

La propuesta: agregar capas de valor dentro del país

Desde CAPPRO sostienen una visión de desarrollo basada en integrar verticalmente la producción.
No pensar solamente en producir soja.
Ni solamente en exportar aceite o harina.
Sino construir nuevas etapas industriales dentro del país.
El planteamiento incluye:
Transformar aceite de soja en biodiésel.
Utilizar harina de alto contenido proteico para producción intensiva de carne porcina y avícola.
Generar nuevas cadenas industriales vinculadas al consumo interno y exportación.
Incrementar empleo y sofisticación productiva.
La idea es sencilla de explicar, aunque compleja de ejecutar:
No exportar solamente materias primas.
Exportar más valor.

El desafío que deja Taiwán

Al cerrar la conversación, quedó una idea instalada.
Paraguay ya demostró que puede producir alimentos para el mundo.
La siguiente etapa será demostrar cuánto valor agregado puede generar antes de exportarlos.
Y quizás allí esté la verdadera enseñanza que deja esta misión.
Porque el futuro no parece estar únicamente en vender más.
Sino en transformar mejor.

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