En la Hidrovía Paraguay-Paraná se está produciendo un fenómeno silencioso, pero determinante.
Mientras las dragas avanzan, los canales se ajustan y las condiciones de navegación mejoran en puntos críticos, el verdadero cuello de botella del sistema ya no parece estar en el río… sino en su gobernanza.
La región transita una etapa de transformación operativa concreta. Intervenciones puntuales —como la remoción de fondos duros en el tramo norte, los trabajos en la zona del Bermejo o las acciones coordinadas en distintos pasos críticos— están demostrando que es posible mejorar la navegabilidad con impactos ambientales prácticamente nulos y resultados altamente significativos para la logística.
En ese sentido, el presidente de la Comisión Permanente de Transporte de la Cuenca del Plata (CPTCP), Diego Azqueta, fue claro al dimensionar el alcance de estas acciones en entrevista brindada a Paraguay Fluvial en la 1140AM:

“Todo lo que se está haciendo en el río es muy pequeño en términos relativos. Tiene un impacto muy importante en la navegación, pero en el comportamiento del río es prácticamente cero. Lo único que estamos haciendo es sacar algunas piedras del camino”.
Se trata de una lógica de precisión: no de alterar el río, sino de optimizarlo. No de imponer infraestructura invasiva, sino de liberar el canal natural de sus restricciones más severas.
Y el impacto es inmediato.
Cada intervención representa menor incertidumbre, mayor seguridad y una reducción directa en los costos operativos de la flota.

La paradoja de la hidrovía: eficiencia privada, fragilidad pública
El contraste es claro.
Por un lado, el sector privado muestra capacidad de acción, inversión y coordinación. Por otro, los espacios formales de gobernanza regional —como el Comité Intergubernamental de la Hidrovía y la Comisión del Acuerdo— evidencian limitaciones estructurales.
Azqueta lo planteó sin rodeos:
“El sector privado está demostrando la capacidad de actuar y el interés por la hidrovía. Podemos ver un futuro realmente promisorio para todos los que estén alrededor del sistema”.
Sin embargo, ese dinamismo no encuentra hoy un correlato institucional.
“Los órganos de control de la hidrovía no están funcionando. No tienen una agenda que dé resultados. El sistema que tenemos ahora no funciona”.
La falta de calendarios claros, la rotación constante de representantes y la discontinuidad en las agendas generan un efecto acumulativo: los temas se diluyen, las discusiones se reinician y los avances se postergan.
Una hidrovía que redefine la geopolítica regional
El creciente protagonismo de la hidrovía no responde únicamente a una mejora técnica. Es, ante todo, un cambio de escala geopolítica.
Bolivia, por ejemplo, ha comenzado a posicionar el sistema como su salida efectiva al comercio internacional. Así lo reflejó su presidente en recientes declaraciones desde Puerto Quijarro.
Azqueta también destacó este punto como un indicador del momento regional:
“Hay señales muy claras, acciones concretas que ya se están ejecutando en Paraguay, en Brasil, y Bolivia con gran entusiasmo. La hidrovía se consolida como un eje estratégico para toda la región”.
En paralelo, Argentina avanza hacia un modelo de concesión basado en la prestación de un servicio continuo sobre más de 1.300 kilómetros, desde la confluencia hasta el océano.
“Ya no se está hablando de una obra, sino de un servicio donde los buques van a poder operar siempre en las mismas condiciones, significativamente mejores a las actuales”.
El verdadero desafío: gobernar la hidrovía del futuro
En este contexto, la discusión central deja de ser hidráulica para convertirse en institucional.
¿Cómo se gobierna un sistema fluvial que atraviesa cinco países y moviliza gran parte del comercio exterior de la región?
La respuesta actual, según Azqueta, es insuficiente:
“Tenemos ámbitos de discusión que no tienen calendario de reuniones y donde sus participantes van cambiando. Las agendas no se sostienen y eso retrasa todas las conversaciones”.
Si bien destacó el rol de Paraguay en el impulso institucional:
“Quiero resaltar el esfuerzo de la Cancillería paraguaya para liderar y empujar estos espacios”,
también advirtió sobre factores regionales que limitan el avance:
“Hay factores de relación entre gobiernos que están afectando el desarrollo del diálogo que necesitamos”.
La necesidad de un cambio en la gobernanza
Frente a este escenario, la propuesta es clara:
“Necesitamos un cambio en la gobernanza. Una estructura más estable, más técnica y con capacidad real de gestión”.
En esa línea, Azqueta respaldó la iniciativa de avanzar hacia un nuevo modelo institucional:
“Apoyamos la iniciativa del gobierno paraguayo de generar un órgano autárquico que pueda liderar todo el sistema”.
La hidrovía se encuentra hoy en una encrucijada.
Nunca antes hubo tanta capacidad técnica, tanto interés privado y tanta conciencia sobre su potencial.
Pero tampoco había sido tan evidente la necesidad de una conducción institucional moderna.
Porque en la hidrovía del siglo XXI, el desafío ya no es solo dragar el río.
Es gobernarlo.








