Un escenario que revive las disrupciones de la pandemia, pero con un nuevo factor crítico: la energía En un contexto internacional marcado por conflictos geopolíticos y una creciente incertidumbre en los mercados energéticos, el sistema logístico global vuelve a enfrentar tensiones comparables a las vividas durante la pandemia. Sin embargo, a diferencia de aquel período, el eje central de la crisis actual no es el desabastecimiento generalizado, sino el impacto directo del gas y el petróleo sobre toda la cadena de suministro.
Así lo advirtió Ricardo Partal Silva, presidente de la Organización Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas, en diálogo con PFL Media Streaming, donde analizó el complejo escenario global y sus consecuencias para la producción, el comercio y la logística.
Energía cara, logística cara: el efecto dominó global
“El mundo está atravesando una cadena disruptiva muy importante. Sin logística no hay comercio, y hoy está quedando demostrado una vez más”, señaló Partal Silva.

El especialista explicó que el aumento en los costos energéticos —especialmente del petróleo— está generando un efecto directo sobre toda la estructura logística mundial: Incrementos de entre 25% y 80% en costos logísticos, dependiendo del país y su dependencia energética
Subas constantes y volátiles del precio del petróleo, con picos que superan los USD 100 por barril
Incertidumbre permanente por factores geopolíticos, como conflictos bélicos y amenazas a infraestructuras energéticas
Este escenario ya comienza a trasladarse a los precios finales, replicando —aunque por causas distintas— el fenómeno observado durante la pandemia, cuando los costos de fletes y contenedores alcanzaron niveles históricos.
Geopolítica, incertidumbre y volatilidad extrema
Uno de los puntos más críticos es la alta volatilidad del mercado energético, impulsada por decisiones políticas, conflictos armados y movimientos estratégicos en zonas clave como el Golfo Pérsico.
“Hoy el petróleo sube, baja, vuelve a subir. Basta un anuncio, una amenaza o una operación militar para alterar todo el mercado. Es un mundo donde ya no hay previsibilidad”, advirtió.

La posibilidad de interrupciones en rutas estratégicas, sumada a la necesidad de escoltas o medidas de seguridad en el transporte marítimo, agrega costos adicionales y complejidad operativa.
Impacto en la producción: el costo oculto de la crisis
Más allá de la logística, el impacto se extiende de forma directa al sector productivo.
Partal Silva ejemplificó con un caso reciente en Argentina, donde productores del Valle de Río Negro perdieron el 100% de su cosecha frutícola tras una granizada, en un contexto ya golpeado por el incremento de costos de insumos.
“Los productores están siendo afectados por todos los frentes: clima, costos energéticos y presión logística. Es una tormenta perfecta”, sostuvo.
El costo final lo paga el consumidor
Uno de los conceptos más contundentes del análisis es que esta crisis no se absorbe en los niveles intermedios: termina impactando directamente en la sociedad.
“Esto no lo paga ningún gobierno. Lo paga la gente. Lo pagamos todos a través de los aumentos”, enfatizó.
En ese sentido, advirtió que muchos actores de la cadena —como importadores y operadores logísticos— están absorbiendo temporalmente parte de los costos, pero que esa situación es insostenible en el tiempo.
Sin horizonte claro: incertidumbre total
A diferencia de otras crisis, el escenario actual carece de previsibilidad:
- No hay certezas sobre la duración de los conflictos
- No existe un horizonte claro de estabilización de precios
- Las decisiones dependen de factores políticos y militares
“Esto puede terminar en una hora o extenderse por meses. No hay horizonte”, afirmó.
¿Qué se puede hacer? El rol de las instituciones
Frente a este panorama, Partal Silva planteó que las soluciones no vendrán únicamente desde los gobiernos, sino desde una acción coordinada entre:
- Organismos internacionales
- Asociaciones empresariales
- Instituciones multilaterales
- Sector privado
Además, destacó la necesidad de una mayor presión institucional sobre los gobiernos para generar políticas que prioricen la estabilidad económica y logística global.
“Hay que dejar los egos políticos de lado. Esto no distingue ideologías: afecta a toda la humanidad”, subrayó.
Paraguay en el tablero global: oportunidades y riesgos
El análisis también incluyó una mirada crítica sobre Paraguay, especialmente en relación con el desarrollo logístico y proyectos estratégicos como el corredor bioceánico.
Si bien reconoció avances, advirtió sobre la falta de ejecución concreta:
“Hay muy buenas intenciones, pero el ‘pescado sigue sin venderse’. Se están perdiendo oportunidades clave”, expresó.
Incluso mencionó que Paraguay habría dejado pasar iniciativas relevantes en el ámbito internacional, como la posibilidad de albergar eventos estratégicos del sector logístico global.
Un llamado a la acción global
El mensaje final fue claro: la crisis energética y logística requiere una respuesta coordinada y urgente.
“No son las buenas intenciones las que mueven el mundo. Es el trabajo concreto, organizado y dirigido”, concluyó.








