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EL MERCADO COMÚN DEL SUR – MERCOSUR, CUMPLE 25 AÑOS

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Un cuarto de siglo se cumple de la existencia del Mercado Común del Sur (Mercosur) y todavía queda mucho pendiente, porque al bloque le achacan insuficiente labor para cumplir su esencia integracionista.

El 26 de marzo de 1991 representantes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron el Tratado de Asunción para darle vida, al considerar el camino despejado para establecer aspectos y objetivos que llevaran a un trabajo mancomunado en bien de los pueblos de sus países miembros.

Integración fue la palabra de orden y los planteamientos de base incluían metas como la libre circulación de productos, servicios y bienes entre los estados parte, en rigor por medio de la eliminación de las barreras comerciales.

Crear un arancel externo común y también el desarrollo de una política comercial hacia terceros países o agrupaciones de estos, figuran entre aquellos objetivos mencionados en el preámbulo del tratado fundacional.

Igualmente, coordinar las políticas macroeconómicas y sectoriales respecto a las estrategias industrial, monetaria y fiscal, comercial, agrícola, de comunicación, de servicios y de transportes.

Por último, se trazó la meta de armonizar la confirmación de los estados miembros y su legislación en las áreas concernientes para alcanzar un fortalecimiento del proceso general de integración, tanto desde el punto de vista político como económico.

Pero los objetivos no se logran completamente, ejemplo de lo cual es que la libre circulación de productos, bienes y servicios, es decir, de todo el comercio, se realiza sólo parcialmente.

Hubo entonces un estancamiento en la marcha del Mercosur y en 2000 los estados participantes se propusieron un relanzamiento del bloque, que describieron como la etapa nueva de la integración regional, iniciativa que defiende fortalecer la unión aduanera tanto dentro como fuera en su contexto.

En fases posteriores al Mercado se incorporaron Venezuela y Bolivia, en tanto Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Guyana y Surinam participan como asociados y México y Nueva Zelanda son observadores.

Cada semestre uno de los países parte ejerce la presidencia pro témpore del Mercosur, encargada de las coordinaciones pertinentes para la realización de diversos tipos de foros y reuniones de instancias internas, así como promover un desarrollo exitoso de las labores.

Los últimos seis meses de 2015 esa dirección la ejerció Paraguay, la sede fundacional, que entre sus considerados logros tuvo el impulso a las negociaciones de este bloque con la Unión Europea (UE) para llegar a un acuerdo de libre comercio.

Aún el proceso está inconcluso por la demora de la UE en presentar a la contraparte sus ofertas para la discusión definitiva.

Ejemplo de las dificultades por las cuales atraviesa el trabajo de este bloque regional se pusieron de manifiesto durante la Cumbre de los gobernantes de sus países, efectuada en diciembre, y en la cual pasó a Uruguay la presidencia pro témpore.

Previamente, el informe del mandato semestral paraguayo aseguró que este país comprometió su accionar a reforzar el afianzamiento del Mercosur en aspectos considerados esenciales.

Destacó cómo el Gobierno paraguayo se propuso reimpulsar los principios y objetivos fundamentales del bloque, de la integración productiva y fronteriza como ejes tangibles de la composición para las empresas y ciudadanos, y del fortalecimiento institucional como base indispensable para alcanzar esos objetivos.

Asimismo, hizo de las gestiones de relacionamiento externo una de las prioridades, al tener en cuenta la importancia de la apertura de nuevos mercados.

Resaltó el documento “el valor de las conquistas del Mercosur en el ámbito de la atención a las necesidades ciudadanas, mediante los proyectos de contenido social, que nos comprometimos a sostener e incrementar”.

Pero en su discurso inaugural, el jefe de Estado paraguayo, Horacio Cartes, lamentó que está aún muy distante la concreción del anhelado Mercado Común, y menos aún de haber alcanzado el estadio de Zona de Libre Comercio, objetivos fundacionales.

“Nos encontramos todavía reclamando la necesidad de garantizar el libre tránsito y la eliminación de las restricciones arancelarias y no arancelarias para nuestros productos”, agregó.

El deseo y la necesidad de integración de nuestros pueblos siguen intactos, entonces, resulta que hemos sido los gobiernos los que “no pusimos el empeño suficiente para que esta aspiración histórica esté sólidamente encaminada”, señaló.

Hizo un vehemente llamado a lograr la unidad pues, frente a la globalización, esa alternativa es “la más segura para que nuestros países se ubiquen en las vías de un desarrollo con inclusión social”.

El actual modelo del bloque, según él, “ha demostrado su fragilidad y falta de mayor compromiso hacia los países de menor economía. Tampoco ha sido un factor determinante para conseguir la disminución de las brechas económicas y sociales existentes”.

Como está contemplado en los acuerdos internacionales firmados por estos países, aseveró, debe aplicarse en forma irrestricta la libertad de tránsito, lo cual sigue siendo un derecho quebrantado y una tarea pendiente en la región.

La declaración conjunta de los participantes en esa Cumbre expresó el compromiso de trabajar por la profundización de la integración regional y el desarrollo de los pueblos, pero también enumeró desaciertos y carencias en el cumplimiento de objetivos primarios.

Los gobernantes ratificaron la determinación de fortalecer la dimensión social y ciudadana de la integración y resaltaron los trabajos en los distintos foros para garantizar la generación de empleo y el crecimiento económico, así como la inclusión social.

Sin embargo, manifestaron la necesidad de continuar impulsando iniciativas y acciones que conduzcan a avanzar en la complementariedad de las estructuras productivas de los estados parte.

Así, aseguraron, se fortalecerá el modelo regional de desarrollo económico inclusivo y ayudará a mejorar las condiciones de competitividad de los diferentes sectores.

Reiteraron, específicamente, la necesidad de avanzar en la consolidación de la unión aduanera, en la facilitación del comercio intrazona, la reducción de las asimetrías y la integración de las estructuras productivas, lo cual permitirá fortalecer el modelo regional de desarrollo económico inclusivo.

Ahí están, a grandes rasgos, las ineficiencias principales del Mercosur a 25 años de creado, sobre las cuales deben trabajar sus integrantes para hacerlo funcionar como estuvo pensado desde su fundación.

FUENTE: (Prensa Latina)

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